28
Ene
09

Los engranajes de una ciudad

fachadaUna de las cosas que más me satisfacen, como eremita social, en mis primeras visitas a ciudades es perderme por ellas. Olvidarme de los lugares típicos durante unas horas, dejar de ser un turista más y convertirme en uno de sus ciudadanos aunque sólo sea aparentemente.

Se puede aprovechar para ello una tarde (el momento antes del atardecer es el que más me gusta) y dejarse llevar.  Saber que sigues en el mismo barrio suele ser suficiente para no perderte. El recorrido debe ser errático, puede que se pase dos veces por el mismo lugar. No importa, son dos tiempos distintos, momentos únicos en sí que hacen que lo que visitas sean dos lugares “distintos”.

Dejarse llevar es, en realidad, saber elegir por dónde ir, puede ser una elección inconsciente, harto difícil porque siempre hay factores influyentes. Yo prefiero elegir el camino que me lleve por lo que puede ser más pintoresco, por donde parece que voy a encontrarme el reflejo más vívido de los vecinos de la ciudad. Llegar a sus engranajes.

Los engranajes que hacen que la ciudad funcione, viva. Ver al obrero que vuelve de trabajar, la mujer que saca la basura, oir un grito en un idioma que no entiendes, y la ropa tendida…

La elección del lugar para dejarse llevar es igualmente importante. No debe ser un lugar que se asemeje a otras ciudades. Las grandes avenidas de las ciudades tienen a ser todas iguales, las mismas tiendas, las mismas marcas, incluso personas similares… todo fruto de la globalización. Tampoco nos sirven las monótonas urbanizaciones, los inabarcables barrios dormitorio. Debe tener identidad propia. Ser algo único. El Madrid de los Austrias, el casco histórico barcelonés, el Trastevere de Roma…

La experiencia que te llevas de esa ciudad no será la misma que te llevarías mirando una guía o una colección de las postales con sus estampas típicas. En estos engranajes de la ciudad está su verdadero corazón.

PD: La ciudad en la que vives puede también servirte, si tiene un tamaño suficiente. Apenas miramos por encima de lo que es la planta baja de los edificios. Creemos que conocemos nuestro entorno pero prueba a observar los balcones, las azoteas… También pueden ayudar las líneas de autobus. Seguro que hay alguna que no has cogido nunca o desde hace años. Deja que te lleve a las paradas finales y al bajarte pon en práctica el recorrido errático.

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2 Responses to “Los engranajes de una ciudad”


  1. 29/01/2009 en 12:45 pm

    Y si es una ciudad chiquita también puede servir. Sólo que no sucede la magia más que en esa ocasión de lo que te asombra… Pero me imagino que en breve terminaría sucediendo en una ciudad más grande… Es como un estado mental que se puede practicar en cualquier parte. A mí me gusta.

    • 2 El eremita inquieto
      25/02/2009 en 5:30 pm

      Efectivamente es un estado mental que conseguido puede dar sus frutos incluso mirando un árbol, o la mesa de un escritorio… y no hace falta ninguna sustancia, sólo una mente abierta.


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